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Soy tonto y en mi casa no lo saben

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  • Soy tonto y en mi casa no lo saben

    Carta abierta a los artistas

    Leí por ahí, que un escritor nace, cuando se sienta a escribir por primera vez. Pudiendo ocurrir esto a cualquier edad, yo debo ser un cuentista adolescente: Cumplo hoy quince años con la cuadernola en el bolsillo.

    Sí, sé que tengo una memoria extraña y jamás recuerdo: nombres ni direcciones, títulos ni autores. Pero ella siempre recuerda lo qué vale la pena ser recordado.

    Como aquel día en que sentado en mi casa, frente a una hoja en blanco; comencé a escribir. Tardó un tiempo, pero luego de mucho esfuerzo, levante la vista para entonces cansada de la hoja y noté para mí asombro… que ya no estaba en casa, estaba en otro lugar. Confieso que esto al principio me asustó un poco; ahora… cuando uno de los personajes se me acercó, puso su mano en mi hombro y me explicó al oído: que yo todavía estaba escribiendo, me terminé de espantar y salí corriendo. Pobres personajes, se habrán creído que estaba loco.

    Desde entonces trato de empatarle a mi necesidad de expresarme, pero me gana siempre.

    Mientras los músicos van llenando con sonidos el silencio absoluto del que parten; dibujantes y escritores partimos de una hoja en blanco; al tiempo que los actores, desbordan todo espacio vacío que ocupan con su cuerpo. Por eso son los artistas fundamentales, los únicos capaces de crear a partir de la nada. Representantes de las cuatro artes eternas que existen desde siempre, desde hace cinco millones de años… o más, ¿quién sabe?, desde que nos empezamos a comunicar, a decirle algo al otro. Desde entonces venimos remontado historia, tras historia, tras otra… hasta el principio de los tiempos, hasta la primera historia. La inspiración, creo yo, se originó en aquel instante en el que un homo sapiens, luego de haber logrado su primer razonamiento, salió corriendo desesperado a tratar de explicárselo a otro… y para colmo: ¡lo logra! Eso sí fue inspiración, y el resto es historia, nuestra historia, la que nos venimos contado desde siempre, desde aquella historia.

    A las artes por infinitas les tocó ser juez eterno de la humanidad.

    Porque los cuentistas nos pasamos los cuentos de mano en mano, y en cada ser humano hay un artista, y en cualquier lugar del universo donde un hombre se encuentre, estarán las cuatro artes con él. Por eso sepan todos los tiranos, monstruos pisotedores de gente, sepan que su condena es eterna. Porque suyas serán las armas, el dinero y el poder; pero sepan que la memoria, el sentimiento, y la imaginación son nuestras.

    Por eso los artistas no están entre la gente, son los sueños de esa gente. Y el bufón, siempre será el único que pueda burlarse en la cara del Rey; y la gente lo aplaude por ello. Esas son las artes, ese es su poder, como el Dios más eterno y omnipresente que jamás hayamos conocido.

    Por eso, yo admito que algunos cuentos… son más míos que otros. Porque en algunos sé, de donde traje sus semillas; otros se pierden en el tiempo y no sé de donde vienen… pero vienen, y son los más lindos. O como les digo yo: los colados en el tren de la memoria. Vienen corriendo detrás del último vagón y son muchos; por suerte siempre hay cuatro o cinco que saltan, se cuelgan… y allí van, yo no sé de donde vienen pero llegaron. Están acá.

    De allí que a mis quince años, quiera dedicar esta carta a todos mis lectores correctores y decirles:
    Sepan que son un puñado, de entre todos los lectores; gente muy querida. La gente que siempre todo escritor a lo largo del camino va encontrando, y se eligen solos, naturalmente, cada quien a su manera y sin darse cuenta; como a los amigos. Algunos nos acompañan un trayecto, otros hasta el final. No siempre expertos, ni tan solo un poco entendidos, y a veces, ni siquiera escritores.
    Lectores, eso sí; con la mirada distinta, la observación precisa, la palabra necesaria; pero sobre todo, con el atrevimiento de decirle a autor lo que le tienen que decir.
    Como a los amigos, alcanza con los dedos de una mano…

    Felice quince años para todos, y gracias, por darme la alegría de poderlos compartir.
    Daniel Campodónico

  • #2
    Disculpe mi atrevimiento

    Disculpe mi atrevimiento al pretender corregirle la segunda línea de su carta: creo que tiene usted que escribir "deber de", o sea que le falta la preposición "de".
    He encontrado este enlace: http://www.hispanoteca.eu/Foro-pregu...infinitivo.htm
    Copio a continuación la explicación:
    Diferencia entre
    deber + infinitivo y deber de + infinitivo

    deber + infinitivo significa obligación (legal o moral).
    Esta semana debe hacer el turno de noche.
    = Esta semana tiene la obligación de hacer el turno de noche.
    = Esta semana le toca hacer el turno de noche.
    deber de + infinitivo significa probabilidad.
    Esta semana debe de hacer el turno de noche.
    = Probablemente hace el turno de noche esta semana.
    = Supongo que esta semana hará el turno de noche.
    En los principales manuales de estilo y diccionarios de dudas (Efe, El País, Manuel Seco, etc.) se advierte sobre la diferencia entre las fomas deber y deber de seguidas de un verbo en infinitivo. Sin embargo, en la práctica, es muy frecuente la confusión entre ambas construcciones, incluso en escritores importantes

    Así pues, debe de ser usted un escritor importante

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    • #3
      Gracias por la corrección, siempre se aprende algo nuevo; sobre todo cuando se es de tipo autodidacta y reticente a las normativas generales
      Daniel Campodónico

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      • #4
        Sería agradable poder disfrutar de algún cuento por estos lares. La manera de expresarte en tu carta me hace intuir una buena pluma, al menos con suficiente imaginación. Lo dejo en tus manos.

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