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Reflexiones de una década

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  • Casette
    comenzado un tema Reflexiones de una década

    Reflexiones de una década

    Hace diez años me registré en CLANDESTINO DE ACTORES. Una década no es mucho tiempo, pero sí para reflexionar un poco acerca de nuestra profesión, simplemente unos pensamientos lanzados al aire.

    Soy actor. Bueno o malo no sé, eso lo deciden los que me llevan contratando desde el siglo pasado; algo tendré. En más de una veintena de años he pasado por los distintos estadios de la profesión: he sido figurante, actor de una frase, secundario y principal, he sido coro y solista, no he salido en los programas de mano y he encabezado carteles. He estado arriba y abajo, y otra vez arriba y una vez más abajo. He hecho cine, teatro, televisión, publicidad, presentación de espectáculos, doblaje de películas, zarzuela, ópera, musical, radioteatro, microteatro, performances públicas y privadas, pasajes del terror e infinidad de cosas más que ni recuerdo. Soy uno más de la profesión, un currante, un mindundi desconocido, un actor de segunda fila que da gracias porque no le ha faltado (ni le falta) el trabajo, aunque éste no implique fama o reconocimiento mediático. Uno que no se cree mejor ni peor que los demás actores, sino que tan sólo trata de hacer lo mejor posible el rol para el que le han contratado.

    En diez años las cosas han cambiado mucho. Nos hemos comido una crisis de pelotas de la que, por mucho que digan, apenas estamos saliendo en nuestro sector. Si los representantes antes eran poco accesibles, ahora son inalcanzables. Las ETTs se lo han comido todo. Los sindicatos, más allá de algún movimiento más publicitario que efectista, son inoperantes; te siguen contratando de cualquier manera, y mejor no protestes que no te volvemos a llamar. El despliegue de las cadenas privadas de televisión, el TDT y similares no ha hecho que aumentara el trabajo, sino que se ha concentrado más aún en unos pocos (la legendaria frase del público de que “en las películas y series españolas siempre salen los mismos” es casi una realidad). Por otro lado, la opinión del respetable respecto a nosotros ha caído en picado, y nuestra popularidad como profesión está en entredicho; casos aislados se generalizan a todos, y la manipulación de los medios (que al fin y al cabo venden lo suyo) nos ha etiquetado como “los de la ceja”, una panda de ricachones antiespañoles y subvencionados que nos llevamos nuestros opíparos emolumentos a Venezuela, en vez de lo que en verdad somos, una panda de muertos de hambre que amamos nuestra profesión de forma vocacional hasta tal punto que llegamos a soportar situaciones extremas que no soportarían los que nos critican.

    A mí me siguen preguntando cuando digo que soy actor “¿y en qué serie sales?”, como si la televisión fuera un fin en vez de un medio. Me siguen diciendo que “eso lo hace cualquiera”. Que nos quejamos de vicio. Que a todos les deberían bajar el IVA y no sólo a nosotros. Que hay cosas más importantes que los problemas de un grupo de mataos; eso te lo dicen algunos cuando lo primero que hacen al llegar a casa es ponerse series en cualquier plataforma de pago y tirarse horas consumiendo a esos mataos. El actor español es una cosa, y JUEGO DE TRONOS, otra. Y se permiten poner a caldo a los propios mientras que alaban a los ajenos, mientras que en los países foráneos donde se hace el cine que sí exaltan el público AMA a sus actores y a su cine, y los estados protegen algo que es propio, seña de identidad y un negocio que da beneficios tanto dentro como fuera al exportarlo. En los últimos tiempos hay un atisbo de que la gente vuelve al cine a ver productos españoles, y alguna serie que se etiqueta con el benévolo y condescendiente “no parece española”. Pero en general, somos unos apestados.
    Y aun así seguimos. Aun así sigo. Porque amo mi profesión. Porque te subes a un escenario, o te pones frente a los asistentes a un congreso representando a un personaje, o en la soledad del atril de un estudio de grabación locutando un relato, y se olvida todo. Se olvidaría más si encima contásemos con una remuneración decente para vivir sólo de esto, como el 92% de los actores según los estudios de la SGAE, si muchas veces no tuviéramos que estar acotados por los horarios de un trabajo secundario o Plan B que rellena los ingresos que no somos capaces de obtener con nuestra profesión. Si contasen más la formación y la experiencia que ser una cara conocida debido a algún reality estrafalario. Si los directores de casting fueran más directores de casting, y los representantes más representantes.

    Pero también los actores que llevamos tiempo en esto deberíamos transmitir a los que vienen que esto no es una carrera para llegar arriba. Que a pesar de lo que te hayan vendido en una escuela, empezar con un protagonista es tan difícil como que te toque la lotería. Que la tele no es todo. Que hoy estás arriba y mañana abajo. Que si no tienes una familia con raíces actorales o posicionada en la profesión, la mayoría de las veces vas a empezar desde abajo. Que vas a conseguir más siendo amable y educado con todo el mundo, del primer actor al último técnico, que ir de estrellona y jugar al excéntrico. Que hay que llamar, llamar y llamar, y no esperar a que te llamen. Que hay que tener el material del actor actualizado Que cuando te han cogido para el papel que sea, eres un privilegiado porque has dejado a un montón de gente atrás en el casting, y por lo tanto debes tener el texto aprendido, tu propuesta de personaje traída, y flexibilidad para dejarte moldear por un director. Que el mejor actor para un director no suele ser el que mejor actúa sino el que no es “problemático”. Que debes pensarte bien cuándo rechazar un trabajo, porque tal vez estés dejando a tus espaldas el contacto de oro, la oportunidad de saltar a otro mejor. Que muchas veces tendrás que aceptar papeles o trabajos de los que te arrepentirás en un futuro, pero forman parte de los peldaños que construyen tu formación personal. Y sobre todo, que no hay que desesperarse por apurar el camino para llegar a una meta, porque en esta profesión la meta es el camino mismo.

    Y por supuesto, asumir que nuestro trabajo tiene una importante parte pública, y aunque las probabilidades pueden ser minúsculas un día te puede llegar un papel que te convierta en mediático. Que de repente te paren por la calle, que no puedas entrar en un restaurante o en un transporte sin que te reconozcan, y no todo el mundo está preparado mentalmente para perder su privacidad o que la “fama” no sólo trae más dinero sino que puede ser una maldición más que una bendición. He visto actores “llegar”… y perder el norte, hasta con psicólogos.

    Reflexiones de diez años atrás. Sin cátedras ni lecciones. Mera abstracción de algo que cada uno vivirá de forma similar o no. No son consejos, ni guías, ni manuales. Me ha pasado a mí, te puede pasar a ti. Pinceladas de una vocación vista con la perspectiva de una década.-

  • Carmen García Rego
    respondió
    Fantastica reflexión, Cleofe, aunque en muchas ocasiones no aceptadas por ciertos componentes de este gremio.

    Un saludo y me ha encantado leerte. Seguiremos trabajando para llegar a la meta.

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  • Cleofe
    respondió
    Vaya, Rafa Casette de vuelta! Pensé que igual te habías ido del país o, peor aún, del planeta. Dichosos los ojos. Tu discurso muy fiel a la realidad, a pesar de que no aporta nada nuevo que no sepa, a estas alturas, cualquiera que se haya dedicado a esto en algún momento.

    Lo que sería impresionante o llamativo sería que alguien se esperara algo distinto a lo que cuentas estando en el país en el que estamos, España. Esto no es EEUU, ni siquiera Francia o Italia. Esta es la nación del amiguismo, de la mediocridad, de los vagos, de la incultura y de la fiesta pagana para celebrar todo lo anterior. Es que encima son muchos los que se sienten orgullosos de tener un sentido de la profesionalidad sacado del culo. Y tampoco tenemos salvación. Estoy harto de ver personas que dicen ser actores poniendo el grito en el cielo porque no se les proporcionan oportunidades y quejándose de que siempre trabajan los mismos cuando, ellos mismos, actuando, son una mierda pinchada a un palo. Pero eso no es lo malo. Lo peor es que lejos de tener una pizca de talento tampoco tienen la más mínima intención de currárselo. Sólo esperan que se lo regalen. Como si el hecho de estudiar en una escuela de teatro o asistir a algunos castings les otorgara el derecho propio de exigir que les den una oportunidad. Las oportunidades se crean, se buscan, se trabajan. Aquí todo el mundo quiere ser famoso, salir en una serie para que les vea la prima de Cuenca o la vecina del cuarto, aunque sea cobrando con absoluta conciencia muy por debajo del convenio y sin decir esta boca es mía, quieren sentir las mieles del éxito sólo por tener una cara bonita o saber rascarse un huevo, quieren que la gente gire la cabeza para mirarlos al pasar y quieren, en definitiva, alimentar su ego monstruoso y obsceno bajo cualquier excusa, pero no quieren arremangarse, producir sus propios proyectos, coger una cámara y grabarse, leer guiones y libros sin parar hasta aprender a diferenciar "haber" de "a ver", no quieren salir de la más insultante ignorancia, zafiedad y analfabetismo. Cierto que no en todos los casos son unos iletrados y que hay universitarios que también quieren dedicarse a la interpretación, pero son los menos y, muchos de ellos, tampoco distinguen los destellos de la fama del oficio de actor.

    Cuando se suelta un discurso como el tuyo, Casette, hay que hacerlo abarcando todo el extenso crisol de la situación real, no sólo la parte menos fea y menos comprometida de la declamación.

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  • Ana Miguel
    respondió
    Totalmente de acuerdo

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  • Arturo De La Torre
    respondió
    Muy interesante esta reflexión..... Estoy totalmente de acuerdo, cuanta razón tiene este compañero...

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  • Francisco López Elzaurdia
    respondió
    Muy buena reflexión sobre la profesión y la comparto punto por punto.

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  • Versace
    respondió
    Gran exposición de una verdad verdadera. Tanto como triste.

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