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De cine español y puñetazos en la mesa

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  • De cine español y puñetazos en la mesa

    Buenas. Reproduzco por su interés el siguiente artículo publicado en elmundo.es; para mí que dice verdades como puños...

    Decía Borau que el español medio al contrario que el francés medio es por naturaleza ‘antichovinista. Todo lo propio le molesta. Y le incomoda con tal violencia que no puede por menos que hacérselo saber al mundo con un sonoro puñetazo en la mesa. Si es de mármol, como las del café de ‘La colmena’, mejor, más ruidoso. Lo que si tienen en común el francés, el español y hasta el ser humano medio es (sin acritud) su mediocridad. En todos los casos, lo confortable de un simple prejuicio evita el siempre incómodo trabajo de molestarse; molestarse en ver, pensar o emitir un juicio con sentido. Quizá por eso, y pese al nombre, Twitter es tan español: permite emitir una opinión lapidaria sin necesidad de poner una sola neurona a trabajar. Basta el botón de retuitear. Pero esto es otro asunto.

    Decía alguien que una mentira 'retuiteada' un número determinado de veces acaba por parecerse a un rasgo de carácter de todo un pueblo. ¿Cómo si no se consigue eso tan raro que se da en llamar idiosincrasia? Pongamos por caso, el cine español. De todo cuanto alguna vez fue ultrajado en público recientemente pocos colectivos humanos lo fueron con tanta saña como esa pandilla de subvencionados, ganapanes, aprovechados, sin talento... Ríase usted de los funcionarios del cafelito, los sindicalistas liberados o los profesores vagos. Si se mira de cerca, definir a todo un colectivo por las faltas que algunos de ese grupo pudieron cometer tiene un nombre: racismo. De hecho, el racismo como actitud poco tiene que ver con la raza. Pero qué importa, llegados a este punto estamos en disposición de afirmar que la semántica es cosa de pobres.

    No se trata aquí de hacer una defensa de nada. Por lo general todo lo que necesita defensa está irremediablemente condenado. Sin embargo, hay argumentos que, por repetidos, llaman la atención. Hablamos, para centrar la cuestión, del cine.

    1. La subvención. No conviene caer en la tentación de repetir aquello de que España, en lo que a las subvenciones se refiere, se limita a hacer lo que todos. A nadie (o casi) se le escapa que subvenciones existen en toda Europa, en Estados Unidos y hasta en Brasil, donde con una cuota de pantalla que ronda el 3% (han leído bien) se permiten el lujo de dejar que sus cineastas se desgraven el 100%. Es decir, mucho mejor que el dinero negro aquí. No, eso ya lo sabemos. Siempre se podrá argumentar a la española: todos se equivocan, pero nosotros no deberíamos hacerlo. Es decir, si el mundo es tan bobo de tirar el dinero por la alcantarilla del cine, allá ellos.

    Y surge la pregunta: ¿por qué el mundo es tan imbécil de creer en su cine? En efecto, si se deja de subvencionar el cine (sea de la forma que se haga) desaparece aquí y en Constantinopla . Entonces, ¿qué ve el mundo en su cine que nosotros somos incapaces de ver en el nuestro? Es ahora cuando conviene echar la mano al cinto (cerca de la pistola). Estamos a punto de hablar de Cultura, con 'C' mayúscula. Lo que ven ellos, nos pongamos como nos pongamos, es Cultura. Y la Cultura, a falta de una bonita definición académica a cargo de un señor de 80 años, es la forma más o menos estereotipada con la que los países se venden fuera. Hemos llegado, en realidad estábamos hablando, como siempre, de dinero.

    Va a resultar que los franceses subvencionan su cine con un Fondo de Protección de casi 300 millones de euros porque, posteriormente, los muy tunantes recuperan cada céntimo invertido. ¿Y cómo?, se preguntarán algunos. Pues vendiendo imagen de marca. 'The artist' o 'Intocable' han hecho más por Francia que las últimas 4.000 campañas para patrocinar el turismo (pagadas por todos los españoles) en España. ¿Alguien cree en serio que el quebrado estado de California permite desgravaciones a la gente de Hollywood a cambio de nada?

    En realidad, a los americanos no les haría falta subsidiar su cine. De eso nos encargamos nosotros mismos con el muy artístico método del doblaje. ¿Se imaginan que alguien les obligara a ver Las Meninas con unas gafas bicolores de 3D? Pues más o menos, eso es lo que hacemos cada fin de semana cuando alguien decide suprimir la voz a Meryl Streep y poner en su lugar a una señora con acento de Burgos. ¿Cuándo se decidirá alguien a acabar con esta forma de terrorismo cultural?


    2. El talento. Bien, lo anterior es correcto, podría pensar algunos segundos antes de escupir sobre la pantalla del ordenador, pero el problema es que el cine español es peor que el francés, el europeo y, por supuesto, que todo el americano. Es decir, no podemos permitir que la imagen que salga de España sea la de una cinematografía tan mala.
    Acabemos con él pues

    En este punto, encontrar un baremo objetivo para quitar o dar razones es casi imposible. Se podría decir, por ejemplo, que ‘REC3’ fue la tercera película más vista en, ojo, Francia el fin de semana de su estreno hace apenas unos días. Ponemos de ejemplo a Francia y no la propia España, donde hizo la segunda mejor taquilla, para no herir susceptibilidades. También se podría argumentar que Almodóvar (sí, Almodóvar) es una de las figuras indiscutibles del cine contemporáneo según, por ejemplo, la revista ‘Cahier’, la editorial ‘Taschen’, la universidad UCLA (la de California situada a la vera de Sunset Boulevard) o el Festival de Toronto, que situaba recientemente 'Hable con ella' entre las 100 mejores películas de todos los tiempos. Se podría, quizá, llamar la atención sobre las últimas nominaciones a los Oscar donde aparecían 'Chico y Rita', de Trueba y Mariscal, y Alberto Iglesias, por su música en la producción 'El topo', de Tomas Alfredson. Se podría seguir por este camino, pero... ¿qué sabrá el mundo?

    Lo cierto, por colocarse en el sitio contrario, es que la cuota de pantalla (el porcentaje de espectadores que elige ver una película española) da asco. Además, tenemos claro, diga lo que diga la realidad, que el cine español está siempre con la Guerra Civil y con los chistes de culos.

    Bien, pues exactamente lo mismo se podría argumentar de todas las cinematografías mundiales. En todas ellas, es posible encontrar tantas razones supuestamente objetivas para justificarlas como para incendiarlas. En todas las cinematografías y, ya que nos ponemos, en todas las literaturas, artes y oficios (incluido el periodismo). ¿O es que acaso se creen que los problemas con los fontaneros son exclusivos de los chapuzas españoles?

    Excepción a la regla

    Sólo hay dos excepciones. Las cinematografías de Estados Unidos y de Francia. Los primeros no permiten que entre en su país una sola película de fuera más que en cines muy localizados en Los Ángeles y Nueva York. La película francesa 'The artist', que tantos Oscar ganó, fue un rotundo fracaso de taquilla. Los segundos tuvieron a Malraux tiempo atrás de ministro de Cultura y, por tanto, están a salvo.

    Ahora, sólo diremos una cosa desde la experiencia de ver año tras año la mayor parte de la producción francesa en los encuentros Unifrance: el cine francés malo, y que tanto gusta en Francia, es sencillamente vomitivo, 'inestrenable' en España. Y, de hecho, no se estrena fuera de Francia.


    3. La imagen. Entonces, si es igual en todos los sitios, pensará alguno antes de escupir sobre la pantalla de ordenador, ¿por qué goza de tan mala reputación el cine español en España? Aquí, la verdad, no hay respuesta. El que firma, obligado por contrato a verlo todo (o casi), puede afirmar (y afirmo) que tres de las mejores películas estrenadas recientemente son españolas. No hablamos de taquilla.
    Hablamos de tres propuestas diferentes y osadas de acercarse a tres géneros universales del cine (la comedia, el terror y el 'thriller') desde otros tantos puntos de vista tan originales como eficaces. Nos referimos a 'Extraterrestre', 'REC3' y 'Grupo 7'. Todo ello sin olvidar la arriesgada y brillante propuesta de ‘Madrid, 1987’, de David Trueba.

    Pero, alguien dirá, se trata de excepciones. Puede ser. En cualquier caso, en todos los sitios salvo en España son las excepciones las que determinan el panorama general. Para eso, de hecho, se crearon los Oscar. Hollywood quiso lavarse la imagen de mundo disoluto entregado a una orgía de dinero y sexo con unos galardones que premiaran la excelencia (bonita e indefinible palabra). Cuando en los años 80, la cartelera se llenó de 'blockbuster', los Oscar empezaron a caer en películas que, literalmente, no veían más que los seres con gafas. Y ahí siguen. Pero ésa es la imagen que quiere dar y da Hollywood. La excepción, por así decirlo, es la que permite que haya reglas.

    En España está claro que algo así no ocurre. Alguien podría decir que los responsables son los políticos. No hace ningún favor que el flamante secretario de Estado de Cultura tome al personal por tonto y declare en la rueda de prensa tras los Presupuestos algo así: "No es del todo correcto hablar de una reducción del 36% [del Fondo de Protección al cine] ya que los 49 millones presupuestados para este año deben compararse con los 53,5 millones ejecutados en 2011, y no con los 76.7 millones que figuran en el presupuesto inicial".

    En realidad, con esa declaración está haciendo dos cosas, y las dos perversas. Por un lado, está diciendo que los del cine se quejan de vicio puesto que no ha bajado el presupuesto. Les está llamando, para entendernos, "pedigüeños subvencionados insolidarios con la sociedad".
    Y por otro lado, está mintiendo puesto que el presupuesto sí se ejecutó en un 90,8% y la cifra dada por él es una media verdad cerca de la simple mentira. Es decir, está arrojando estiércol sobre un área y sus gentes de su propia competencia. Raro.

    Eso hacen a veces los políticos (luego está lo del Ministro de Hacienda quejándose de las series de TVE), pero ellos, dado la gravedad y unanimidad de las opiniones en contra, no pueden ser los únicos responsables. ¿Quizá el cine está considerado un arte menor en comparación a otras artes más nobles? ¿Quizá ese concepto tan casposo y tan nuestro de la cultura académica es incapaz de entender que las artes no elitistas pueden, en realidad, ser artes? Ya tuvo que penar lo suyo Pérez-Reverte, como escritor con lectores no necesariamente de élite (como los soldados), para que el 'establishment' le aceptara en su seno.

    ¿Quizá son los del cine todos unos rojos patéticos que hay que fumigar cuanto antes por trasnochados? Ya saben, la ceja y esas cosas. Tal vez, pero recuérdese que eso mismo opinan algunos de los Premios Nobel (hasta que se lo dieron a Vargas Llosa, curiosamente), de los Oscar (hasta que homenajearon a Elia Kazan) y de cualquier acto que lleve la palabra ‘cultura’ dentro. Vamos que el odio debería ser proporcional y no lo es. Es más acusado el que sufre el cine español (basta leer los comentarios de un poco más adelante, supongo).

    Sea como sea, lo único cierto es que estamos condenados a ser lo que somos. Puñetazo en la mesa y se acabó.
    Fuente: elmundo.es
    http://www.imdb.me/rafacasette
    http://www.rafacasette.com
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