Anuncio

Colapsar
No hay anuncio todavía.

De la formación actoral y otros mitos

Colapsar
X
  • Filtrar
  • Tiempo
  • Mostrar
Limpiar Todo
nuevos mensajes

  • De la formación actoral y otros mitos

    "... recuerda hijo mío que correr detrás de los bisontes es muy duro... mira el cretino de tu padre, ¿qué ha conseguido ahora que con la pierna rota no puede cazar? que en el reparto no nos toquen más que unos trozos de la pantorilla más dura. Aprende de tu tio, nunca ha ido de caza, nunca se ha jugado la vida, nunca ha sudado y tiene derecho a los mejores solomillos... haz como él, hijo mío, haz oposiciones"

    "jefe, ¿qué hay de lo mío?"

    (Traducción libre de pinturas rupestres halladas en una cueva cerca de Altamira)

    España es un pais de funcionarios. No sólo eso: España tiene mentalidad de funcionario. Para conocer el alcance y gravedad de esta afirmación, hay que entender qué significa "tener mentalidad de funcionario".

    Un funcionario es un trabajador de la administración. Eso en principio no es ni bueno ni malo, sólo un trabajo como otro cualquiera. El problema viene de las ventajas que los funcionarios han ido adquiriendo, normalmente con malas artes, y aprovechando que eran arte y parte en el funcionamiento de la administración. Estas ventajas se concretan sobre todo en dos: puesto seguro si se saca la oposición e imposibilidad de despido. Independientemente de que haya muchos o pocos funcionarios con vocación de servicio público, eso lleva a una forma de mirar el empleo diferente de la real. Si lo normal sería pensar en un empleo en términos de "alguien necesita que le hagan un servicio y yo me preparo para poder hacerlo", para la mentalidad funcionarial un empleo es algo indefinido no relacionado con ninguna necesidad social concreta ni - desde luego- sujeto a la ley del mercado, a lo que se llega superando un examen. Lógicamente, para el afectado de "mentalidad de funcionario", el trabajo que va a realizar o las personas para las que va a hacerlo no tienen ninguna importancia ya que ni uno ni otros tienen voz ni voto en su colocación. Su objetivo, entonces, pasa a ser satisfacer a los que ponen el examen de acceso, sea cual sea y esté o no relacionado con el trabajo a desempeñar.

    Si esto ya parece malo, la cosa se agravó cuando la Universidad se sumó al festival. Debido al coste de dar carrera a un chico, el número de universitarios era (en tiempos pasados) necesariamente bajo. Eso unido a las necesidades cada vez mayores de titulados de la Administración, hacía que ésta absorbiera una tras otra promociones enteras de gran parte de las carreras. En algunas ingenierías había que pedir la excedencia al acabar para trabajar en el sector privado y, aún hoy, la mayor parte de los médicos trabajan (en parte al menos), para la Administración. Para la mayoría de las familias, dar carrera al hijo significaba asegurarle el futuro. Sobre todo si era una de las "duras" (medicina, ingeniería). El pueblo había interiorizado perfectamente el nuevo papel de filtro de la Universidad. Ésta, por otra parte, había dejado de nutrir sus cuadros de profesores de profesionales con experiencia para llenarse de funcionarios que jamás salieron de la docencia y sin ningún contacto auténtico con la profesión. La universidad había dejado de ser un centro de enseñanza para convertirse en una academia de oposiciones más.

    Así que, para el español, un empleo es lo que aguarda después de una carrera de obstáculos que empieza a los seis años con la primaria, la secundaria, la Universidad y, en su caso, las oposiciones. Cada obstáculo/oposición que se supera sólo tiene como objeto entrar en el siguiente siguiendo un camino paternalmente diseñado por el Estado y al final del cual hay un puesto de trabajo, cuya excelencia está en función del número y altura de los obstáculos que se llega a saltar. No importa que lo que se "estudie" sirva o no para algo, se han superado los obstáculos y se tiene derecho al sueldo. A esta carrera de obstáculos sin ninguna relación con el mundo real se le dió el nombre de FORMACIÓN.

    Obviamente el contacto con el mundo real está haciendo saltar por los aires todo esto. Más en un pais tan absolutamente arrodillado ante la corrupción como éste. Se pasa entonces al otro lado: la "formación" no sirve para nada ya que no te garantiza la consecución de un puesto de trabajo.

    Pero la guinda del pastel viene con la "formación" para profesiones tan etéreas como las artísticas. Por ejemplo, los actores. Cada año, una horda de pequeños aspirantes a estrellas se lanza a buscar ese sitio donde le van a dar el título de actor de la misma manera que a otros el de abogado o arquitecto. El título. El alfa y el omega de la mentalidad funcionarial. El papelito que indica que se han pasado las oposiciones y que se está listo para recibir el puesto de trabajo... el problema llega cuando se descubre que salvo el saturado RESAD, que sólo te garantiza poder dar clases a otros infelices, no existe ese título. Los desconcertados aspirantes son pasto entonces de una colección de academias y cursos que les ofrecen un sucedáneo de título a la vieja usanza: tú entras por esa puerta y tras una serie de años y miles de euros, te damos nuestro título de actor... con él bajo el brazo, el flamante actor empieza a llamar a las puertas... todos conocéis los resultados. Para bien y para mal.

    Un actor no es un funcionario, es un vendedor. Un ser humano que ofrece a otro -el director- una imagen y una voz para que el personaje que habita en su imaginación cobre vida. Si es un buen vendedor procurará que esa imagen y esa voz sean lo mejor que pueda ofrecer. Y si ama lo que hace, lo hará aunque nadie se lo compre. A eso se le llama "formación"... en otros paises que no son España.

    Un saludo, y perdón por el rollo.
Trabajando...
X